Lo que Viven las Violetas de Eugenia Carrión, Diario de una mujer cansada

El Ave se detuvo media hora porque el viento derribó un poste sobre la vía. Me levanté a estirar las piernas y miré alrededor con la esperanza de encontrar a Julio pues aún no lo había visto. Los asientos en los que viajamos los últimos viernes estaban libres. Tras dar un paseo por los vagones, entré en la cafetería rezando un Padrenuestro, que es lo que hago siempre que pierdo alguna cosa, y pensé que por primera vez me había fallado. Pedí un café y me decía a mí misma: “Violeta, es fácil idealizar a alguien que solo ves unas horas a la semana; tú quieres a Nacho, tenéis un hogar y no merece la pena ponerlo en peligro por un hombre al que no conoces.” Unos chicos cargados de macutos cantaban “Puedes contar conmigo”, de la Oreja de Van Gogh. Al llegar al estribillo se me saltaron las lágrimas, y oí: “Ese vestido realza el color de tus ojos, debías ir siempre de verde”. Me giré sorprendida. No era un espejismo, Julio con un jersey azul estaba allí sosteniendo una taza de chocolate y susurrándome un halago. Tardé un momento en reaccionar. Le confesé que creí que hoy no venía en el Ave. Dirigiendo una mirada al grupo de chicos comentó que cantaban bien. Le pregunté que si nunca viajaba en coche. “No, mientras en el Ave encuentre mujeres como la que hoy va a mi lado. Tiene unos ojos que son para perderse con ella en Canaima”, y sentí que me bajaban de golpe de lo alto de una noria.

(Comienzo capítulo 8 de Lo que Viven las Violetas, Diario de una mujer cansada, de Eugenia Carrión)

Violeta, una mujer casada, coincide con Julio Paz en el tren que la lleva a Madrid, entablan amistad y descubre que tuvo mucho que ver en su vida.
Violeta, una mujer casada, coincide con Julio Paz en el tren que la lleva a Madrid, entablan amistad y descubre que tuvo mucho que ver en su vida.

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Lo que Viven las Violetas visto por Carlota Montenegro

El tema eterno del amor recorre como un tifón Lo que Viven las Violetas, pero también, como una suave brisa que acaricia el alma. Violeta, que se autodefine como “duda andante”, inicia un diario y comienza a cambiar su vida, como si escribir causara un efecto mágico provocando que su mundo se derrumbe, a la vez que la conduce a reinterpretar su pasado, reescribiendo su propia historia. El problema surge a partir de su amistad con Julio, un creativo que la enamora, y le hará redescubrir su propia vida pero que pondrá en jaque su matrimonio, sus principios y hasta los cimientos de su fe católica. El diario, escrito con la sencillez de una maestra, engancha de principio a fin, y enfrenta el conflicto de elegir entre dos maneras de amor, el sucedáneo agrio y posesivo “o es para mí o para nadie”, y el que libera y salva. Leemos una historia de amor, pero entre líneas descubrimos el tema de la violencia de género, la mentalidad machista, los celos, el trauma que supone una separación, los efectos en los hijos y que el matrimonio no puede consistir en una esclavitud. En flashbacks, la protagonista rememora las veces que coincidió con Julio en distintos momentos de su vida y ello va a afectar a su futuro. El climax llega cuando los sentimientos desbordados se contraponen: los celos machistas del “o es mía o de nadie”, y del que arriesga la propia vida por la persona amada. Podría calificarse como una comedia romántica, un himno en prosa al buen amor con humor, la mejor novela peor escrita que he leído en años, ya que simula un lenguaje cotidiano, y que por esa misma razón resulta creíble.

Blog Carlota Montenegro

En el día de su 40 cumpleaños, Violeta, comienza a escribir un diario y acepta una oferta para trabajar en una residencia de estudiantes en Madrid, aunque vive en Málaga con su marido, Nacho, y su hija, María. En el tren que la lleva a su trabajo, coincide con Julio Paz, un enigmático publicista, del que se enamora. Poco a poco cree reconocerle como un chico con el que se encontró en varias ocasiones en el pasado. Lucha contra sus sentimientos para no romper su matrimonio, hasta que descubre que Nacho le es infiel.
En el día de su 40 cumpleaños, Violeta, comienza a escribir un diario y acepta una oferta para trabajar en una residencia de estudiantes en Madrid, aunque vive en Málaga con su marido, Nacho, y su hija, María. En el tren que la lleva a su trabajo, coincide con Julio Paz, un enigmático publicista, del que se enamora. Poco a poco cree reconocerle como un chico con el que se encontró en varias ocasiones en el pasado. Lucha contra sus sentimientos para no romper su matrimonio, hasta que descubre que Nacho le es infiel.

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